Reflexiones sobre el 11 de septiembre de 2001




Hoy se cumplen siete años del atentado contra las torres gemelas… y por eso hoy decidi colocar un escrito de Paulo Coelho, en el cual habla de esa terrible tragedia que al mundo le toco vivir...

Solo ahora, pasados algunos años de lo ocurrido, decido escribir sobre el asunto. No quise abordarlo inmediatamente para que cada cual pueda reflexionar, a su modo, sobre las consecuencias de los atentados.
Siempre resulta muy difícil aceptar una tragedia pueda tener, a cierto modo, resultados positivos. Cuando vimos horrorizados, lo que parecía una película de ciencia ficción –las torres desplomándose y llevándose en la caída a millares de personas- tuvimos dos sensaciones inmediatas: la primera, un sentimiento de impotencia y terror ante lo que estaba sucediendo. La segunda sensación: el mundo nunca más será el mismo.
El mundo nunca mas será el mismo, es verdad, pero, después de todo este tiempo de reflexionar sobre el asunto, ¿quedara la sensación de que todas esas personas murieron en vano?¿o se puede encontrar algo debajo de los escombros del World Trade Center, además de la muerte, polvo y acero retorcido?
Creo que todo ser humano, en algún momento acaba viendo una tragedia cruzar por su vida; puede ser la destrucción de una ciudad, la muerte de un hijo, una acusación sin pruebas, una enfermedad que aparece sin avisar y provocar una invalidez permanente. La vida es un riesgo importante y quien lo olvida jamás estará preparado para los desafíos del destino. Cuando estamos ante el dolor inevitable que se cruza por nuestro camino, nos vemos obligados a buscar un sentido a lo que está sucediendo, superar el miedo y comenzar el proceso de reconstrucción.
Lo primero que debemos hacer, cuando estamos ante el sufrimiento y la inseguridad, es aceptarlos como tales. No podemos tratarlo como algo que no nos afecta ni transformarlo en un castigo que satisfaga nuestro eterno sentimiento de culpa. En los escombros del World Trade Center había personas como nosotros, que se sentían seguras o infelices, realizadas o en lucha por crecer, con familia que las esperaban en casa o desesperadas por la soledad de la gran ciudad. Eran Americanos, ingleses, alemanes, brasileños, japoneses, personas de todas las latitudes del mundo, unidas por un destino en común –y misterioso- de encontrarse hacia las nueve de la mañana en un mismo lugar, que era bonito para algunos y opresivos para otros. Cuando las dos torres se desplomaron, no fueron solo esas personas las que murieron: todos nosotros morimos un poco y el mundo entero se empequeñeció.
Cuando estamos ante una gran pérdida ya sea material, espiritual o psicológica, debemos recordar la gran lección de los sabios: la paciencia, la certeza de que todo es provisional en esta vida. Partiendo de ahí, vamos a revisar nuestros valores. Si, durante muchos años, el mundo nunca volverá a ser el mismo lugar seguro, ¿Por qué no aprovechar ese súbito cambio y arriesgar nuestros días en cosas que siempre deseamos hacer, pero no teníamos valor para ello? ¿Cuántas personas estaban aquella mañana en World Trade Center contra su voluntad, intentando seguir una carrera que no les gustaba, solo porque era un lugar seguro, donde podían conseguir con seguridad el dinero suficiente para la jubilación y la vejez?
Ese fue el gran cambio del mundo y quienes fueron enterrados bajo los escombros de los dos edificios ahora nos hace pensar en nuestros propios valores. Cuando cayeron las dos torres, se llevaron consigo sueños y esperanzas, pero también abrieron un espacio en el horizonte y nos obligaron a reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas, y precisamente en eso, en nuestra actitud, radicara toda la diferencia.
Cuenta una vieja historia que, después de los bombardeos sobre Dresde, un hombre pasó por un terreno lleno de asombro y vio a tres obreros trabajando.
– ¿Qué hacen ustedes?-pregunto.
El primer obrero se volvió:
– ¿No lo ve? ¡Estoy retirando piedras!
– ¿No lo ve? ¡Me estoy ganando el salario! – dijo el segundo obrero.
– ¿No lo ve? –dijo el tercer obrero-. ¡Estoy reconstruyendo una catedral!
Aunque las tres personas estuviesen haciendo lo mismo, solo una tenia la dimensión del sentido de si labor. Esperemos que, en el mundo que vendrá después del 11 de septiembre de 2001, cada uno de nosotros sea capaz de levantarse de sus propios escombros emocionales y construir la catedral con que siempre soñamos pero nunca nos atrevemos a crear.


-texto extraido del libro "Como el río que fluye" de Paulo Coelho-

1 comentarios:

jude dijo...

Jaj a mi no me molesta, ellos peuden hacer todos los comentarios q quieran. Yo por mi parte me quedo con lo lindo. me podria quedar horas criticando las cosas malas de casi angeles o quedarme con eso tan lindo que muchas veces nos ayuda a reflexionar y tomar conciencia del camino q estamos tomando. por otra parte estuve viendo tu blog, y es muy lindo. hay cosas muy interesantes y e slindo encontrar q hay gente q piensa asi, ya q cada vez sentia q me rodeaba de gente que estaba perdiendo cierto contacto con sus propios sentimientos.